- De qué estamos hablando cuando mencionamos la frase "arte quiteño contemporáneo"?
- Cómo se configura la escena del arte quiteño contemporáneo?
- En base a nociones de calidad, a criterios o a capitales simbólicos?
- A qué discursos asociamos el término calidad?
- De dónde y quienes emanan los criterios?
- Dónde sé acuña y quien ejerce el capital simbólico que provee de atmósfera e institucionalidad a lo que se considera artístico?
- Qué de objetivo e imparcial tiene todo ello?
Lo digo porque cuando se habla de arte quiteño contemporáneo y se investiga sobre el mismo, sobre todo en red y en instituciones con ese membrete, generalmente aparece una selección hecha por pocos y conocida por menos, que no corresponde casi en nada con la experiencia que personalmente tengo con buenos artistas contemporáneos de mi entorno.
En este punto vale la siguiente cita: En la actualidad, el término “arte contemporáneo” no designa sólo al arte que es
producido en nuestro tiempo. El arte contemporáneo de nuestros días más bien
demuestra cómo lo contemporáneo se expone a sí mismo (el acto de presentar el
presente).
Groys, a buen entendedor, considera ambas acepciones: el arte que se produce en el presente y, el arte que presenta el presente.
La duda surge immediatamente cuando preguntamos ¿qué del arte que se produce en la actualidad no presenta el presente? ¿puede haber acto en el mundo que no se halle en sincronía con su contexto?
Pues no, todo acto que se realice en la actualidad, aunque eco del pasado, es lógicamente actualidad, es presente.
En el caso de la sociedad ecuatoriana, al igual que la hindú o la japonesa, su actualidad es la suma o cruce de su pasado y presente, de tradición y contemporaneidad. En nuestro caso, el pasado entonces es parte del presente pues se halla activo dando forma a los valores culturales de nuestra sociedad, a sus conducta y productos.
En el arte quiteño, conceptos, procedimientos y estéticas del pasado se hallan tan activas como hace mucho, si bien han sufrido algunos cambios. A la religiosidad le ha sucedido la modernidad, y a ésta la cultura global, y su comunidad de artistas habita en una o migra por todas estas.
El gran aprecio por las artes primeras (pintura, escultura, grabado, cerámica) impulsa a las nuevas generaciones a iniciar sus estudios académicos en facultades de arte. El aprecio por el oficio, por los procesos manuales, por la materialidad de la obra, por el ambiente de libertad expresiva y personal que emana del arte moderno, compatible con los ideales de cualquier humano razonable que aun no haya sido absorbido por completo por la doctrina del servicio y que busque un espacio de liberación.
Entonces qué es eso del arte contemporáneo si no es un asunto cronológico?
Buscando su tipología (no topología) claramente es una categoría estética configurada por discursos y medios diferenciados, y por una voluntad de poder que busca posicionarse como la hegemónica en detrimento de otras expresiones artísticas dándolas por anacrónicas u oscurantistas lo cual ya se ha dicho es un absurdo. Anacrónico es lo que no se practica, aquel arte que ha muerto. Entonces por qué combatir una tradición viva? si no es por ganar un espacio de poder desplazando violentamente a otras artes y artistas, en búsqueda del acceso a privilegios sociales propios del campo del arte, o por ignorancia, o por fanatismo. No le veo otra explicación. Tal vez por falta de capacidad cognitiva. Qué puedo decir.
Son los pueblos, las comunidades, los colectivos, los que de acuerdo a sus perfiles culturales definen lo que el ámbito artístico les es apropiado o no. Lo que les útil, material o espiritualmente necesario o no. Es así de simple. Hoy no cabe una regla del arte emanada desde un solo lugar sino desde varios. Y a esas preferencias deben adaptarse las instituciones que tiene a su cargo el tema cultural. Porque de esas preferencias surge el mundo real y el consumo del arte.
Respetar el arte del otro es un primer buen paso hacia una condición humana elevada, más allá del autoritarismo.
Es el otro comunitario el que debe marcar el rumbo y no las minorías intelectuales.